TodavĂa no amanecĂa. El canto de los gallos y de los pájaros en los árboles se mezclaba con el entrecortado mugir de las vacas y el lejano relinchar de algĂşn caballo. Dos hombres caminaban en
TodavĂa no amanecĂa. El canto de los gallos y de los pájaros en los árboles se mezclaba con el entrecortado mugir de las vacas y el lejano relinchar de algĂşn caballo. Dos hombres caminaban entre los corrales del ha to ganadero. El propietario y un peĂłn con un pico y una pala. DespuĂ©s de caminar un rato se detuvieron junto a un árbol frondoso. El ganadero señalĂł un lugar. —Este es el lugar exacto –dijo. El peĂłn se remangĂł la camisa y comenzĂł a cavar. Mientras lo hacĂa el sol apareciĂł entre las nubes. El ganado mugĂa con mayor intensidad. El ganadero miraba con impaciencia a medida que el agujero crecĂa; finalmente, la pala golpeĂł un objeto metálico. —AllĂ están –dijo el peĂłn–, en el mismo lugar que las dejamos hace ocho años. Listas para empezar otra guerra.