Un ensayo reivindicativo sobre la experiencia singular de pasear siendo mujer. El flâneur naciĂł en el ParĂs del siglo XIX. Su hábitat natural eran los bulevares y las galerĂas de la ciudad. &
Un ensayo reivindicativo sobre la experiencia singular de pasear siendo mujer. El flâneur naciĂł en el ParĂs del siglo XIX. Su hábitat natural eran los bulevares y las galerĂas de la ciudad. "La multitud es su dominio, como el aire es el del pájaro, como el agua el del pez", escribiĂł Charles Baudelaire. El flâneur es un hombre ocioso que pasea y observa a la vez, pero desde la distancia: no se involucra. Sin embargo, para Baudelaire la flâneuse no existe. Las mujeres no tenĂan la libertad de los hombres para acceder a las calles de la ciudad porque se veĂan reducidas a ser objeto de la mirada de los paseantes. ÂżQuĂ© es entonces una flâneuse? Una mujer que no solo contempla, sino que tambiĂ©n participa. Su presencia en un espacio que tradicionalmente no le pertenece supone un desafĂo. Donde el flâneur mira, la flâneuse perturba y subvierte. Elkin hace un recorrido literal y metafĂłrico por las ciudades en las que ha vivido; a travĂ©s de sus paseos nos descubre una nueva mirada y reivindica el derecho de las mujeres a pasear. La flâneuse se detiene en los detalles y amplĂa la mirada, toma notas de su propia experiencia y las entrelaza con las de otras artistas, escritoras, cineastas y periodistas (George Sand, Sophie Calle, Martha Gellhorn o Agnès Varda) a las que admira y cuyas visiones han formado y transformado la de la propia autora. De Nueva York a Londres, de ParĂs a Venecia pasando por Tokio, cada ciudad encierra el juego, la fascinaciĂłn, el peligro y la familiaridad que sirven a la autora para reclamar el derecho de las mujeres a pasear por la ciudad, a ocupar el espacio pĂşblico y a alejarse de lo que se supone que deben ser para cambiar sus vidas por completo: "Dejadme pasear. Dejad que vaya a mi ritmo. Dejad que sienta cĂłmo se mueve la vida a travĂ©s y alrededor de mĂ. Dadme emociĂłn. Dadme esquinas curvas inesperadas. Dadme iglesias inquietantes, bonitos escaparates y parques en los que pueda tumbarme".